Ya estoy aquí de nuevo.

Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma... ¡Yo no sé!
Son pocos; pero son... Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros Atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.
Son las caídas hondas de los Cristos del alma
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.
Y el hombre... Pobre... ¡pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.
Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé!
César Vallejo
Llegó el día en que los españoles están llamados a votar un tratado para
que la UE siga siendo más de los mismo, es decir, un nido de burócratas con grandes sueldos y eficacia más que discutible;donde la voluntad de los ciudadanos seguirá sin tenerse demasiado en cuenta (¿sirve para algo el Parlamento Europeo, única institución elegida mediante elecciones?); una UE estancada económicamente y políticamente y que, gracias a este tratado, refuerza el poder de países como la Francia de las 35 horas y la Alemania con un 12 % de desempleo, la Europa imparable que diría cierto presidente autonómico. En definitiva, una Europa donde los Estados cada vez tienen más poder de influir en las vida de los ciudadanos, a los que, por este y muchos motivos más, la Unión Europea les importa más bien poco.
Y aunque mi voto coincida con el de LLamazares y Carod.....pues va a ser que NO.
Sin embargo, la victoria del Sí es segura, el problema va a ser la abstención, porque si no vota la mitad del censo o al menos un 40 %, el referéndum va a ser un claro fracaso para el gobierno, que es el que ha llamado a los españoles para ver si nos gusta o no la Europatraña. Y según parece, la abstención va a ser importante. Personalmente, al vivir enfrente de un colegio electoral, tengo la impresión de que se está votando más o menos como en las Europeas, ya que hasta hace una hora a penas si entraba gente en el colegio electoral y ahora, en estos momentos, se acercan sobre todo jubilados. Luego, a partir de las dos de la tarde, apenas si acercará gente hasta un par de horas antes de cerrar el colegio. Más o menos es como suele funcionar en la mayoría de las elecciones. A ver cómo son los primeros datos de participación.
Ayer tuvo lugar la ceremonia de los Goya, es decir, la fiesta anual del cine español montada como burda imitación de los Oscar (sí, esa que se celebra en aquel país de tontos que tanto odian nuestros pesudo-cineastas) para que directores, actores, actrices, ministras y presidente del gobierno se den palmaditas en la espalda, se piropeen y hagan la pelota mutuamente y crean que son la voz del pueblo enfundados en trajes que ni por asomo se puede permitir los ciudadanos que pagan sus películas de dudosa calidad.
Así, los lumbreras del cine nacional, perpetraron ayer un ejercicio de mendicidad intelectual (vamos, poca vergüenza) retransmitida en directo por la televisión estatal. Si en los últimos años podíamos ver al gremio pegados a las pegatinas del "No a la guerra", este año ejercieron de alfombra roja para que el presidente del gobierno, señora y ministra de Kultura incluída, se pasearan sonrientes para regocijo de nuestras generaciones futuras.
La ceremonia, premiados aparte, consistió en una reivindicación de la calidad (¿?) del cine español, en señalar con el dedo a los espectadores díscolos que no ven sus películas (y, encima, pagan por ver las americanas) y en buscar en el top manta la pérdida de espectadores.
Incapaces de entender que el cine, además de arte, es un negocio, los pedigüeños de Armani, nos dieron ayer un recital de porqué el cine español es, con honrosas excepciones, una gran mierda sin calidad alguna. Simplemente, el cine es malo porque está subvencionado, da la espalda al público y vive anclado en lo más rancio, carca y apolillado de la cultura y la vida en general. Y no sólo eso, sino que, además, el cine español es políticamente tendencioso y ofensivo para una buena parte de los españoles. Un mecánico se juega su dinero al abrir un taller para ganarse la vida. A nuestros cinestas de medio pelo les pagamos las películas y, además, pretenden adoctrinarnos.
Los valientes de la pegatina contra la guerra de Irak NUNCA han dicho un "No a ETA". No, claro. Para qué manifestarse en contra de una banda terrorista que ayer mismo puso un coche bomba. Eso que lo hagan las asociaciones de víctimas, esas que "agreden" a los ministros progresistas. Y menos en el Festival de Cine de San Sebastian, no vaya a ser que al año siguiente no les inviten y no aparezcan en las fotos.
Y mientras, ayer, los españoles, atónitos, fueron invitados a los cena de los idiotas. El gremio de la claqueta se cree que los idiotas somos nosotros. Que no olviden que al final de la cena, el idiota convierte la vida del anfitrión en una catástrofe. Que esperen, a lo mejor el año que viene han perdido otros tres millones de espectadores más. No veo películas españolas desde hace dos años, y ayer celebré Los Goya viendo una película estadounidense en el cine. A la salud de Sampietro, los Bardem y de Resines y sus caracoles. Y sé que no soy la única.
A pesar de que los soldados españoles se fueran a las primeras de cambio, a pesar de los terroristas, y a pesar de los amigos de la pancarta, hoy muchos iraquíes han votado de forma valiente y libre:

